Sabes ganar pero… ¿sabes perder?

sabes perder

¿Sabes perder tu dinero? ¿Alguna vez te has preguntado algo así? Como inversores lo que a todos nos gusta es ganar dinero. Cuando ganamos nos sentimos genial. Ver que nuestra cartera personal crece es precisamente por lo que entramos en los mercados financieros. Pero cuando perdemos… nos sentimos mucho peor que cuando ganamos y nos sentimos bien. Mucho, mucho peor. El dolor y el placer actúan de forma asimétrica. Dicho de otra manera: emocionalmente hablando se necesita una ganancia el doble de grande para compensar el dolor de una pérdida.

¿Por qué no sabes perder?

Esto está muy presente tanto en la profesión de inversor como en la vida misma: ganar y perder. Desde pequeños se nos enseña la necesidad de ganar en todo lo que hagamos, pero nadie nos enseña a perder y es importante que sepamos que las pérdidas nos hacen mucho más fuertes para ganar más en un futuro. El miedo en nuestra civilización ha convertido la experiencia de perder en un gran tabú. El tabú es fruto de una actitud y, como tal, es susceptible de cambio. Cambiar actitudes no es fácil, aunque sí es posible. Los profesionales deben aceptar sus pérdidas, reflexionar sobre su método de inversión, mejorar y prepararse para seguir ganando. No buscan excusas, no echan las culpas a los demás y no maldicen su mala suerte. Sólo piensan en ganar en el siguiente movimiento.

En los locos años 20 los inversores ganaban mucho dinero… hasta que el mercado se cobró su parte. Muchos llegaron a la locura, otros al suicidio y fue la ruina para muchas familias. Para los que pensaban que esto “pertenece al pasado” y que nunca sucedería de nuevo, los mercados les dieron otra buena lección en el 87.

inversor crack 87

En estos años algunos de vosotros ya estabais pisando fuerte por los parqués financieros. Emocionalmente se volvió a repetir lo mismo que sucedió en el 29: locura, desesperación y suicidios. Como siempre os digo, en el duro trabajo del inversor, no solo está en nuestra contra el mercado, sino también las emociones.

Por si alguno sigue teniendo dudas y cree que esto no es posible que le pase, aquí tenéis otro ejemplo: la burbuja tecnológica vivida en el 2000.

Inversor burbuja tecnológicaEl índice Nasdaq llegó en marzo del año 2000 a cotizar sobre los 5000 puntos, llegando en poco tiempo a cotizar a 3500, y en octubre de 2002 su valor era de aproximadamente 1300 puntos, situándose en valores similares a los de diciembre de 1996. Muchos de vosotros cerrasteis posiciones antes, pero otros os visteis atrapados en esta caída, con el consiguiente cóctel emocional que vivisteis.

La pérdida es algo que tuvimos y ya no tenemos, o algo que quisimos tener y no llega. Nadie le puede indicar a nadie si esto o aquello debe o no ser considerado como pérdida. Mi dolor es mío y mía es la medida en la que yo lo siento.

Pero… ¿por qué sentimos tanto una pérdida (en la Bolsa y en la vida) que hace que lleguemos hasta el límite del suicidio? Una pérdida implica despedida, desaferramiento, resituar internamente aquello perdido, renovar el significado y rehacer la propia vida, sin que la herida quede cerrada en falso, supure constantemente, e incluso infecte otras áreas de la persona y su entorno. Para unas personas el proceso incluirá una reconfirmación, revisión, o reestructuración de sus métodos de inversión, pero otras no sabrán superarlo.

Podremos pasar por estas 5 etapas para conseguir superar una pérdida:

  1. Negación y aislamiento. La negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse. Es una defensa provisional y pronto será sustituida por una aceptación parcial.
  2. Ira. La negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué. Es una fase difícil de afrontar para todos los que nos rodean, porque la ira se desplaza en todas direcciones, aún injustamente. En esta fase están las lágrimas, la culpa o la vergüenza.
  3. Pacto o negociación. Ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, más el cabreo con los “otros inversores que se han llevado nuestro dinero”, (o el perro por habernos entretenido y haber mandado la orden de venta/compra tarde…), surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia.
  4. Depresión. cuando no se puede seguir negando la persona se debilita, adelgaza, aparecen otros síntomas y se verá invadida por una profunda tristeza. Es un estado, en general, transitorio y preparatorio para la aceptación de la realidad. Se debe expresar el dolor que se siente, para que sea más fácil la aceptación final. Es una etapa en la que se necesita mucha comunicación verbal, se tiene mucho para compartir.
  5. Aceptación. Quien pase por las etapas anteriores pudiendo expresar sus sentimientos (tu envidia por los que han ganado mientras tú has perdido, la ira, la culpa y la depresión) esperará el próximo movimiento con más tranquilidad. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz: en un principio está casi desprovista de sentimientos. Comienza a sentirse una cierta paz, se puede estar bien solo o acompañado, no se tiene tanta necesidad de hablar del propio dolor… la vida se va imponiendo.

Sabes perder y sabes aceptarlo…

Se sabe que se ha superado la pérdida cuando se es capaz de recordar aquello que se perdió sin sentir dolor y no causa ya sensación de vacío.

Hablar, caminar, llorar, cocinar, rezar, meditar, practicar algún deporte, pasear, estar en silencio, pensar… y un largo etc., para conseguir la externalización emocional, según las propias preferencias y de forma consciente y responsable. Cuando os enfrentéis ante alguna pérdida tanto en la vida como en los mercados financieros debéis seguir estas recomendaciones:

– No os guardéis los sentimientos. Es decir, no os traguéis el dolor, el llanto, el miedo, la rabia, o lo que sea que se esté sintiendo.
– No recurráis al falso consuelo de las drogas, el alcohol, o la automedicación. Sólo pueden empeorar todo.
– No es recomendable tomar decisiones importantes. Es mejor dejarlas para después, cuando el dolor esté cediendo.
Hay que mirar al futuro. Nuestra minusvalía actual no significa que la vida haya terminado, ¡así que nada de pensar en acabar con ella!
– No hay que rechazar el apoyo de los demás.
– Paciencia. Para uno mismo. Para los demás. Para nuestro método de inversión.
– Descansar. Y si hay oportunidad hasta divertirse.
– Hay que ayudar a superar la perdida. No hay que dejarse caer y permanecer encadenado al pasado.

Para un inversor es de vital importancia conocer desde qué cifra puede soportar perder, a cuánto está dispuesto arriesgar, porque es imprescindible tener un buen control de riesgo. También será necesario aprender a utilizar nuestras emociones en nuestro favor, como una “brújula corporal” que nos orienta en nuestra vida, no podemos ir contra ellas porque ellas nos ayudan en nuestra supervivencia y a su vez sabremos en qué cifra decir ¡basta! y… mañana será otro día.

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