Apalancamiento financiero, ventajas y riesgos

apalancamiento

El apalancamiento financiero se produce cuando nos endeudamos para financiar una operación. Es un concepto utilizado en las operaciones donde la inversión es mayor al dinero del que en realidad se dispone, es decir, con una cantidad inferior de dinero se abarca una mayor posibilidad de pérdida o ganancia. Esto es un arma de doble filo porque implica un mayor riesgo, ya que no se compra al contado y en lugar de operar exclusivamente con nuestro dinero, lo hacemos con un crédito, por el que sólo nos piden unas ciertas garantías.

Imaginemos que queremos ir de compras a la bolsa francesa para adquirir 10.000 acciones de France Telecom a 10€, en total 100.000€. Si disponemos de ese capital en nuestra cuenta no tendríamos ningún problema, pero ¿y si no disponemos de esa cantidad?

Si no existiese el apalancamiento…

Si sólo tuviésemos 20.000€ y no trabajásemos con brokers que permiten apalancamiento tendríamos que pedir un crédito de 80.000€ (para nuestro ejemplo al 5% de interés anual).  Compramos France Telecom y al cabo de un año esas acciones suben un 10% y nos encontramos con un capital de 110.000€.

Ahora llegaría el momento de “pagar”. Tenemos que devolver los 80.000€ que nos prestaron más el 5% de intereses, en total 84.000€. Finalmente nos quedarían en limpio 26.000€ a los que restaríamos nuestra aportación inicial (los 20.000€ que teníamos), por lo que habríamos obtenido un beneficio de 6.000€.  ¡Nuestro capital ha crecido un 30%!

Pero este es el mejor de los casos, ya que nuestra operación también podría salir mal. Si al cabo de un año las acciones hubiesen caído un 10%, nuestras acciones valdrían 90.000€. Tendríamos que devolver el crédito y pagar los 80.000€ más los 4.000€ de intereses, por lo que nos quedarían 6.000€, ¡una pérdida del 70%!

Trabajando con una cuenta apalancada…

Con el apalancamiento podremos conseguir que se nos abran las puertas de determinadas inversiones (sin necesidad de pagar los intereses de un crédito), que de otro modo no podríamos acceder a ellas.

Volvamos al ejemplo anterior, esta vez con apalancamiento.

Para que el broker nos «preste» dinero, la única condición que nos va a exigir es una cierta garantía (supongamos en este caso una garantía del 10%). Esto significa que para poder comprar los 100.000€ de France Telecom nos pedirá únicamente una garantía de 10.000€ (de los 20.000€ que tenemos en cuenta). Él nos “presta” los otros 90.000€ para realizar nuestra inversión. Si la operación va bien y las acciones suben un 10%, obtendremos un beneficio de 10.000€ o un 50% de nuestro capital inicial.

Pero, como todos sabéis, es posible que la operación que he puesto de ejemplo no nos salga bien, entonces ¿qué sucedería? Si perdemos ese 10%, también se convertirá en una pérdida del 10% sobre los 100.000€, pero repercutirá sólo en nuestro capital, es decir, perdemos los 10.000€ dejados en garantía. ¡Un 50% de pérdida!

Como habéis podido comprobar lo bueno del apalancamiento es que nos ahorra los intereses de un crédito. Pero… ¿qué interés tiene el broker en prestarnos dinero sin intereses?

La respuesta es muy sencilla. El broker gana dinero en función de las veces que operemos y del tamaño de nuestras operaciones. Por tanto, cuanto mayor capital utilicemos en las operaciones que abramos, más dinero va a ganar por ellas. Además, el broker no corre el riesgo de impago que podría  correr un banco, ya que nos pide unas garantías iniciales y cuando la pérdida de una operación se acerque al total de dichas garantías nos comunicará que debemos cerrar la operación o nos la cerrará él (queramos o no).

Es fundamental controlar el apalancamiento

Para nosotros la ventaja del apalancamiento es clara: multiplica los beneficios en el supuesto de que la operación salga bien. Pero esa ventaja puede convertirse en nuestra ruina, ya que también multiplica las pérdidas cuando la operación sale mal.

Así que es de vital importancia saber si se está o no apalancado y, si es así, en qué medida. El cálculo del grado de apalancamiento es en realidad muy sencillo: basta dividir el importe de nuestra inversión real, por el capital del que disponemos (cuidado, no confundir con capital en liquidez). Cuando los niveles de apalancamiento son más altos, los riesgos son también mayores, así que deberemos controlarlo para que, en caso de que la operación no vaya como nosotros esperamos, podamos actuar en consecuencia y de forma inmediata.

En contra de lo que muchos piensan, el apalancamiento no es malo, pero no debemos olvidar que es una herramienta peligrosa que debemos usar con extrema precaución.

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