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Bolsa de Madrid: historia y funciones

La Bolsa de Madrid es el principal mercado de valores de España y es una institución de la que escuchamos hablar a diario pero de la que tal vez no conozcamos su interesante historia.

Funciones

Partimos de que la Bolsa es el medio que facilita la negociación de ciertos títulos y que da lugar a un mercado, cuya oferta está constituida por las emisiones de valores nuevos o la venta de títulos ya existentes y cuya demanda depende de los deseos de adquirir dichos títulos. La función de las bolsas se divide en dos grandes apartados: la de canalizar el ahorro y la de financiar la actividad económica. En el desempeño de las mismas, la Bolsa se convierte en un importante elemento de la expansión y del crecimiento económico, puesto que favorece la financiación de las empresas. Además depura y verifica la propia marcha de las mismas ya que su situación se refleja a través de la cotización bursátil.

Construcción

Los antecedentes más antiguos de la Bolsa en España eran las Lonjas de Contratación, mercados de grano y tejidos para el comercio mediterráneo creados en tiempos de Jaime I el Conquistador.

El rey de España José I Bonaparte en 1809 tomó la decisión de instaurar la primera Bolsa de Comercio en Madrid. Como sede se eligió el edificio del Convento de San Felipe el Real, en la Puerta del Sol. Fue la primera iniciativa seria, pero el escenario político y la opinión pública existente en aquel momento hicieron que no se pudiese llevar a cabo. El 10 de septiembre de 1831 se aprueba la Ley de creación y organización de la Bolsa de Madrid. Por entonces reinaba Fernando VII el Deseado, sucesor de José I Bonaparte en 1813 tras el fin de la Guerra de Independencia contra los franceses. El 20 de octubre de 1831 nacía la Bolsa de Madrid. España estaba cargada de deuda pública y el Estado optó por crear un entorno donde poder negociarla, por lo que en su origen la Bolsa de Madrid funcionó como vehículo de financiación del gasto bélico.

Bolsa de Madrid La Bolsa de Madrid inauguró su primera sesión en el Consulado de la Plazuela del Ángel, entre la calle Carretas y de la Cruz. Nació con cinco agentes de cambio y sus sesiones duraban tres horas: la apertura era a las 12 del mediodía y el cierre a las 3 de la tarde. Durante esas jornadas cotizaban bancos, ferrocarriles y siderurgias, aunque las acciones de empresa apenas representaban el 1% de la contratación real, el resto correspondía a la Deuda Pública.

La Bolsa era una institución desconocida y generó más recelo que ilusión: una parte de los inversores la consideraban algo así como un juego de azar. Tampoco gustó que se ubicase en Madrid, una plaza que no estaba tan desarrollada industrial y comercialmente como otras zonas de la periferia.

La sede de la Bolsa de Madrid fue muy viajera, sufrió una larga peregrinación desde 1831 hasta 1893, pasando por seis locales diferentes. En 1832 se traslada a la Casa de Filipinas, también cerca de la calle Carretas. En 1841 pasa al Claustro del Convento de San Martín y en 1846 al Monasterio de las Monjas Bernardas, en la calle de Alcalá. Sólo un año más tarde se vuelve a trasladar al Convento de los Basilios, en la calle Desengaño. En 1875 se emplazó en el edificio de la Aduana Vieja, en lo que se denominó la Plaza de la Bolsa. En 1878 se comienza a construir el que luego sería el Palacio de la Bolsa. El Estado cede un solar, que tiene forma de piano invertido, en la Plaza de la Lealtad.Bolsa de Madrid

El encargado de su construcción fue el arquitecto D. Enrique Mª de Repullés y Vargas. Era hijo de un agente de cambio y bolsa y, por lo tanto, conocedor de la atmósfera de estrés y nerviosismo que se respiraba en los parqués, así como las necesidades para acoger la actividad bursátil. Es por lo que, además de darle una forma basilical a la nave principal de contratación, ya que pretendía que al edificio se le considerara como el “templo de la economía”, quiso dotarle de una amplia entrada de luz natural, fijando una amplia superficie del techo con vidrio. La construcción finalizó después de 15 años. El 7 de mayo de 1893 la Reina Regente María Cristina inauguró la nueva sede en el Palacio de la Bolsa de la plaza de la Lealtad, en Madrid.

Historia financiera

En 1834 la Bolsa de Madrid sufre su primera crisis a causa de la Guerra Carlista que estalló tras la muerte de Fernando VII. La entidad no volvió a recuperarse hasta el abrazo de Vergara, el momento en que se puso fin a la guerra. A raíz de la nueva paz y la recuperación económica, entre 1844 y 1846 se produjo el primer boom bursátil. En un año se negociaron hasta 15.000 millones de reales, ¡toda una fortuna! El marqués de Salamanca fue el primer rey de la Bolsa de Madrid y llevó la Bolsa a las masas, disparando la especulación, al introducir las operaciones a plazo.

El 13 de marzo de 1854 comienza a publicarse el Boletín Oficial de Contratación, donde se publican los precios oficiales de la cotización.

El negocio de las acciones se fue abriendo poco a poco paso dentro de su estructura. En 1855, la Ley de Ferrocarriles y la Ley de Bancos y Sociedades plagaron el parqué de bancos y compañías de trenes. Los primeros datos registrados de negociación se remontan a 1856, cuando todavía tenía más peso la negociación de deuda y apenas existían empresas cotizadas la contratación nominal de acciones y obligaciones no alcanzaba el 1% del total admitido. Ese año se negociaron 110 millones de reales de Vellón (unos 140.000 euros).

En 1856 también nace el Banco de España, la gran estrella del mercado gracias a que tenía el monopolio de la emisión de billetes desde 1874. En 1868, además del Banco de España, cotizaban en la Bolsa de Madrid nueve bancos o sociedades de crédito, 17 empresas de ferrocarriles y 34 empresas mineras y de servicios públicos.

En enero de 1883, el Banco de España dejó de hacer frente a la conversión de billetes en metal, lo que supuso la devaluación de la peseta corriente frente a la peseta-oro.

La Bolsa fue creciendo en empresas cotizantes y a principios del siglo XX ya sobrepasaban las sesenta, a pesar de haber sufrido un duro varapalo con el desastre de Cuba, lo que redujo los valores al menos un 20% y dio paso rápidamente a un periodo alcista por la repatriación de capitales. Sobrellevó, mucho mejor la Primera Guerra Mundial y el crack del 29, pero tuvo que cerrar en 1936 con el comienzo de la Guerra Civil.

El 5 de marzo de 1940 abrió de nuevo el mercado bursátil, y ya no pararía de ascender hasta la crisis del petróleo de los años setenta, que en España se agravó ante la incertidumbre de la Transición.

Indice general de la bolsa de Madrid

El 31 de diciembre de 1989 se creó el FIEX-35, referencia bursátil del mercado español que agrupaba las 35 mayores empresas cotizadas. El 14 de enero de 1992, apareció el IBEX 35 como nueva denominación del FIEX-35. Poco a poco las empresas fueron creciendo y si en 1990 la mayor empresa cotizada tenía un valor de mercado de 4.680 millones de euros, ahora la primera, vale muchos millones más.

En abril de 2000, a semejanza del NASDAQ, comienza a funcionar el índice “IBEX Nuevo Mercado” con 10 empresas tecnológicas y el 3 de diciembre de 2007 volvió a dejar de existir.

Nuevas tecnologías

La regulación del mercado de valores español de la Ley 24 / 1988 de 28 de julio del Mercado de Valores, se recogían como objetivos fundamentales dotar de coherencia interna y potenciar el mercado de valores, con el fin de que reuniera las condiciones apropiadas para afrontar con éxito el mercado europeo de capitales. Los periodos de mayor esplendor bursátil corresponden a la apertura al exterior, especialmente durante la negociación y entrada de España en la Unión Europea.

La reforma acometida pretendió aproximar nuestro sistema bursátil latino al modelo anglosajón, para lo cual se procedió a la creación de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) como organismo superior e inspector. Con el fin de seguir la misma directriz se procedió a la transformación de las bolsas en sociedades anónimas privadas y a la conversión de los agentes de cambio y bolsa en sociedades y agencias de valores y bolsa. También se creó la Sociedad de Liquidación y Compensación, que se encarga de organizar y dirigir la liquidación de las operaciones dentro de las bolsas, entre ellas y con las bolsas extranjeras.

Bolsa de MadridLas nuevas tecnologías facilitan el proceso de compra-venta hasta reducirlo a un simple clic de ratón. Además, la privatización de grandes empresas públicas aumenta la confianza del inversor. En 1998, cerca de ocho millones de españoles ya cotizaban en bolsa y en 2006 se marcará el hito de rebasar los 14.000 puntos.

El sistema de contratación se hacía a viva voz hasta abril de 1989, con el llamado sistema de corros, fecha en la que comienza a funcionar el mercado continuo para acciones (CATS: Computer Assisted Trading System). En 1991 se crea la figura del “Protector del Inversor de la Bolsa de Madrid” y se pone en marcha el sistema electrónico de contratación de Renta Fija. En 1995 se sustituyó el CATS por el sistema de contratación informatizada (SIBE) que conecta los cuatro mercados (Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia). En la actualidad coexisten tanto el sistema de corros como el SIBE, si bien el de viva voz representa un 2% de la negociación bursátil. Los parqués han perdido actividad presencial debido a las nuevas tecnologías pero han aumentado considerablemente el volumen de las operaciones. A finales de los años 90 la Bolsa de Madrid vive su época dorada, convirtiéndose en un lugar accesible para todo tipo de públicos gracias a la privatización de las empresas públicas. En dichas fechas, se calcula que 8.000.0000 de españoles poseían directa o indirectamente acciones de empresas cotizadas.

La Bolsa de Madrid es uno de los mercados más importantes del mundo, con cerca de 17.000 millones de euros en movimientos bursátiles en la actualidad. Allí cotizan las empresas más grandes y con mayor liquidez del mundo, entre las cuales puede nombrarse Telefónica, Iberia, BBVA, Ford, Fiat, IBM, Apple, entre muchas otras.

Lo que distingue a la Bolsa de Madrid del resto de los mercados es su alto nivel tecnológico. Existen muchos portales que proponen la cotización del IBEX o los símbolos con los que el inversor cuente, minuto a minuto y en tiempo real, mientras que pueden accederse a las cotizaciones de oro, divisas y commodities. Los desplomes bursátiles no recorren ya caminos físicos, sino telemáticos, y lo hacen de forma instantánea.

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